lunes, mayo 08, 2006

Gritó ¡Eureka! y al momento se arrepintió. Soltó una risita avergonzada y nerviosa, y levantó la vista del mapa del tesoro que se extendía sobre la mesa. Llevaba tres horas estudiando el dichoso mapa que le habían traído Marcel “El carnicero” y Bruce “El sangriento”, con todas esas claves y adivinanzas enrevesadas, todos esos números y metáforas sobre la riqueza y por fin lo había solucionado. Una desilusión. Todo era una maldita broma, un juego sin solución. No había ningún tesoro, sólo tiempo que perder buscándolo. Alguien se había reído de estos dos trozos de carne con ojos que ahora lo miraban expectantes, sudorosos, desconfiados. Por un momento deseó ser un personaje de novela, una historia apuntada en un bloc de anillas, estar a merced de un dios escritor que lo sacara del atolladero, que supiera manejar a estos dos asesinos, pero cuando Marcel sacó su cuchillo y lo miró con suspicacia supo que todo era real y cierto, y empezó a buscar una historia con un tesoro que le salvara la vida.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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